¡Despertemos!

 

El de Millás es uno de esos gritos que todo el que no esté ciego debe dar.

Que se vayan de una maldita vez, que, al menos, se vayan. Existen niveles, y, aunque somos los españoles que hemos disfrutado de los mejores niveles de paz, justicia y bienestar, una democracia que de hecho no respeta los principios democráticos no podrá, a la larga, capear un temporal cuyo aparato eléctrico está cargado del nivel intelectual, espiritual y cívico que hemos alcanzado. Somos una “democracia” que sobrevive poniendo parches, de bajo nivel.

Esta no es la España del setentayocho, entérense los golfos que deben irse, y no roben más, no nos falten al respeto más.

De modo que sí, despertemos.

Y hagámoslo con sensatez, conservando lo construido y alcanzado, fruto de servidores públicos salidos de las urnas y funcionarios de carrera honrados y capaces, que los hay y muchos, y que por las rendijas de las Gurtel de uno y otro signo político y lo despilfarrado por ignorantes han luchado para conseguir lo que tenemos; y no tenemos poco, no somos la República D