…agradecemos sus palabras, pero este es un tercio español

Flandes era una provincia española, una posesión por derecho del rey de España. La de Flandes era una guerra civil, y nuestros enemigos se habían negado a reconocer a su señor natural (en el siglo XVI). No nos han enseñado en qué situación se encontraron los flamencos católicos a lo que obligaron a abandonar su religión porque su señor así se lo exigía (su religión en el siglo XVI, su señor, ese que sí se alzaba contra el suyo).

En ninguna clase nos han enseñado que entre un 10 y un 15% de los soldados de los tercios eran españolas, el resto era de varias nacionalidades, principalmente flamencos. Flamencos, pero no flamencos de los que tocan las palmas en la Feria de Sevilla; flamencos: nacidos en Flandes, leales a su rey Carlos I de España. Estamos en el siglo XVI, insisto, que es seguro que esto lo leerá gente inteligente y también algún imbécil.

En definitiva, se defendía la posesión de una provincia española porque un estado no puede no hacerlo, no se estaba colonizando un territorio porque España no tuvo colonias sino provincias, puesto que se constituyó antes como imperio que como estado, y nuestro país (porque es nuestro y es el que tenemos y es al que nos debemos porque es de imbéciles admirar desde la ignorancia a otros y porque no nos interesa defenestrarlo, aunque a nuestros adversarios sí les interesa y mucho) conquistó y gestionó un imperio que duró 300 años con las armas, la técnica, la ciencia y la política, y mientras se fundió con la población indígena (y si no que se miren al espejo millones de hispanoamericanos), y construyó carreteras y universidades, el pirata inglés fundó trece colonias comerciales y masacró a los indios; y encima las trece colonias se independizaron, con la ayuda vital de España, por cierto.

Todo esto es tal como lo cuento, créanlo o no, pero algunos ya no callamos ante la insistencia de la mentira y la manipulación. No somos inferiores a ningún país o raza de este planeta. Hay miles de películas sobre el ejército norteamericano y los cowboys, pero si hacemos una sobre nuestros soldados nos llaman fascistas. Más vale que despertemos de una puñetera vez, que tenemos que mirar por NUESTROS INTERESES.

Coño.

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En estado puro

Arturo Pérez-Reverte. Yo confieso, pues conozco sobradamente la vehemencia con que reaccionan sus detractores, mi asombro y sana envidia por sus aventuras, mi total acuerdo con sus opiniones y formas de entender la historia, la realidad y la literatura, mi admiración.

En uno de nuestros encuentros, conversamos brevemente y firmó mi ejemplar de “El maestro de esgrima”, fue un momento agradable.

Tienen una de sus mejores entrevistas en el enlace, en un vídeo de youtube.

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Inspiró a Alatriste

Alonso de Contreras es el personaje real que inspiró la figura de Diego Alatriste, el espadachín revertiano con el que tanto hemos disfrutado los que gustamos de este tipo de aventuras. Su vida, escrita por él mismo en once días, está recogida en este libro imprescindible para los incondicionales del ficticio soldado y asesino a sueldo anteriormente referido, y para amantes de la historia, pues en este aspecto no tiene desperdicio.

Como curiosidad, un enlace donde obtendrán datos sobre la película.

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Pérez-Reverte y el uso de nuestra lengua

Estamos sometidos a manipulación, desatendemos instituciones valiosas, no valoramos el tesoro de nuestra lengua. Nuestra lengua se atreve a destrozarla cualquiera y por un puñado de votos. Es triste. Al menos, lo denunciamos aquí, y si lo quieren de labios de un académico, lo tienen en el enlace.

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Jadranka, una abuela, una escopeta

Es imprescindible tirar de recuerdos que nos muevan a reflexionar. Al hacerlo nos replanteamos las decisiones tomadas, los caminos recorridos, los lugares donde nos han llevado y los costes pagados. Para valorar el presente, para cuidar lo obtenido y no cometer errores pasados, tenemos que volver la vista atrás para aprender o reafirmarnos en que no sabemos lo que somos sin tener presente lo que fuimos.

Arturo Pérez-reverte comparte con nosotros un episodio de su azaroso pasado. Y debemos tomar nota, porque un gesto a destiempo u olvidado, un silencio o una palabra equivocada, de más, podría en determinadas situaciones convertirse en el final. Conviene recordar esto.

Lean si gustan y quizá próximamente traigamos aquí a un corresponsal de guerra en activo, que nos contará, casi sobre el terreno, hasta qué punto nos engañan.

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